La feminización institucional
En septiembre de 2025, en NatCon 5, Helen Andrews abrió su charla recordando una vieja entrada de blog de Tyler Cowen.1 Cowen, el economista libertario, había listado las siete revoluciones más grandes que había visto en el curso de su vida: desde el alunizaje, pasando por la caída del comunismo, hasta la llegada reciente de la inteligencia artificial. Entre la caída del muro y la invención de internet, Cowen ubicaba una revolución que casi nadie nombra así: the great feminization. La charla de Andrews —transcripta al mes siguiente como artículo en Compact bajo el título The Great Feminization2— sostiene que esa revolución es la que explica, más que cualquier otra, el fenómeno cultural que llamamos wokeness. Le valió más de cien mil vistas en YouTube y un rechazo predecible en los medios progresistas.3
Simply Scheme: el libro que no quería 500 programadores mediocres
«Computer programs have become too large and complex to encompass in a human mind. Therefore, the job of computer science education is to teach people how to discipline their work in such a way that 500 mediocre programmers can join together and produce a program that correctly meets its specification.»
Así arranca, casi al pasar, el prefacio de Simply Scheme: Introducing Computer Science (Brian Harvey y Matthew Wright, MIT Press, 1994).1 No es una crítica ajena — es la caricatura que los propios autores hacen de lo que ellos llaman la vista conservadora de la educación en ciencias de la computación. La escriben para después voltearla.2
¿El término "Ingeniería de software" es un oxímoron?
Ingeniería. Ingeniero. Engine. Máquina. Vamos a hacer una pregunta tonta y peligrosa: ¿qué máquina construye un ingeniero de software? Si te sale rápido, sospechá. Yo llevo treinta años metido en el software y todavía no tengo una respuesta que me convenza.1
Lo interesante no es que la pregunta sea difícil. Lo interesante es que la pregunta no la inventó un crítico externo de la disciplina, ni un filósofo decidido a molestar, ni un estudiante con ganas de quedar bien en un seminario. La escribió Alan Kay, el tipo que acuñó object-oriented, en un apéndice de un manual técnico que casi nadie lee. La dejó ahí, como quien deja una bomba en el cajón de una mesa de luz, y siguió escribiendo software.